miércoles, mayo 06, 2009


Para mi amigo en la ciudad del aire...


Una ciudad nueva, esperada por cuatro meses y al pisarla se sentía como de sueño, un sueño de esos que duran mucho rato... los pasos largos para llegar más lejos o más pronto, las palabras pocas y buenas, para hacer mejor el momento y olvidar que estábamos ahí por poco tiempo. Descubrí que estás un poco loco y que tienes la paz adentro, que te da calor por todo y que tienes la sonrisa tal como la recordaba el día que te conocí.

Cada día frío y tu no, cada lugar como nuevo y tú como un viejo amigo, la gente como todos y tú como nadie. Como cualquier día de la semana juntos y como todos nuestros días lejos... espero que la vida me de más oportunidades de encontrarte, en ciudades de sueños, llenas de aire como esa que soñé ayer... o en ciudades reales, pero pronto, porque amigos hay pocos y tiempo menos. A pie, o en tren... lo único que te pido es que me dejes el asiento que ve hacia el frente porque en el que ve hacia atrás me mareo, ¿te lo había dicho ya?

Te quise rápido y te querré siempre... Gracias.

lunes, marzo 30, 2009


Quiero ir contigo a jugar un ratito...

con el osito de la osa mayor... así decía la canción que de chiquito me hacía llorar, y que hasta la fecha escucho y me llena los ojos de lágrimas. La cantaban Enrique y Ana. Hoy canto esa cancioncita y pienso en su carita, que era lo más bonito que tenía. Al final caminaba lento, pero yo siempre la recordaré dando vuelta tras las sombras que se movían en la paredes, es la única a la que he visto hacer algo así, nunca apendió a dar la pata o a sentarse para recibir a cambio un premio, o tal vez lo último pero era por conveniencia propia, pues lista sí era, pero ¿perseguir sombras? Estabas re loquita, Bambul.

Eras más libre que nosotros y más sincera. Nunca dejaste que quisiéramos a otro como tú más que a ti. Nuestro corazón era tuyo y cada uno éramos de ti. Siempre lo seremos. Gracias por tu cariño y tus besos, gracias por tu mirada de paz y tus silencios, por tus cariños y tus reclamos. Por volarme un sándwich completo y morderme un dedo, por hacerme reir y quererme incondicionalmente. Por tantos momentos y quince navidades juntos. Esta mañana está más triste el Sol, pero en la noche hazme solo un favor... quiero ir contigo a jugar un ratito con el osito de la osa mayor... Bye, Buka.

miércoles, febrero 04, 2009

No sé por qué me vinieron a gustar tanto... a mí que no puedo estar cerca de uno siquiera. Me hace daño acercarme a ellos, así me hizo Dios y así los hizo a tan perfectos, tan dueños de sí mismos como a ningún otro animal, incluídos los seres humanos, tan portentosos en su pequeñez y en sus modos tan soberbios y elegantes. No hubiera podido tener uno de todos modos porque los gatos no se tienen, ellos lo tienen a uno, y si hubiera podido, hubiera tenido muchos, o uno, y así me hubiera tenido uno a mí; cerca para quererlo y para quererme como solo ellos saben querer, en silencio, con una buena dosis de altanería al día y con un solo gesto en la noche, un simple gesto, un brinco o un suave rasguño de esos que hacen como sin querer, para sentir que todo el mundo gira a su alrededor, con su cuerpo tirado como un trozo de seda sobre mis pies... y así se hubiera llamado... Seda, tal vez... no se... tengo mil nombres en la cabeza y todos se los hubiera puesto a él: Diablo, Angel, Salto, Agua, Listón... no se, todos esos en diferentes idiomas y más aún. Todos los colores de sus rayas y si nos las tuviera, serían sus ojos o sus manchas o lo que fuera que me hubiera dado su nombre y tendría su espacio en mi espacio y su vida en mi vida... si hubiera estado aquí. Pero me hace daño acercarme a ellos, así soy y así seguirán siendo ellos... andarán por ahí haciendome el goce de verlos pero solo de lejos... Lejos, así se hubiera llamado.


Hoy vi uno de lejos, Said y yo íbamos de regreso del cine... y al dar la vuelta en la calle que está justo a la vueta de mi casa, lo encontramos, parecía un birmano, beige con café en la orejas y en las patas, no se movía mucho. Said me dio a entender que lo habían atropellado... sentí feo. No supimos qué hacer, seguimos de largo a nuestro pesar pero... nada. Ahí se quedó, ¿sigue ahí esperando a dejar de respirar...? pobrecito. Ni siquiera lo hubiese podido ayudar a levantarse. Me hace daño estar cerca de ellos. Siento feo.